Dejar Bombear las Piedras
Lejanas dunas rebozan con su arena mi alma vacía, sin sentido. Llego a un oasis de respuestas dónde lentamente ahogo el temor de mis presentimientos. Al despertar, mi reloj biológico llena la achinada retina con números; el cansancio vuelve a mí como si en lugar de tratarse de un dulce despertar, todo fuera de forma redundante, otra noche ciega de alcohol destilado en sangre.
Lejanas dunas, una bruma sólida y piedras negras dejadas madurar bajo el agua de una noche sin luna; una tras otra, magullan la sien que bombea… cercana.
La sonrisa de la gente se muestra con dientes afilados, triángulos de hueso cortando minuciosamente el labio, tibio después de los golpes que ofrece la vida. La envidia se ha disfrazado de gratitud ensuciándose más y más, carcomiendo las huellas de una identidad diluida en ácido limpio, incoloro, insípido… agua fresca que tomas para después puedas vomitarla de cuajo, expulsarla de ti.
Una a una, esas piedras negras sostienen un mar en calma de una noche sin luna.
2 comentarios
Anónimo -
Elisa -